“Mi sueño es contar con los recursos para apoyar a los pequeños agricultores. Ayudar a que las personas se sientan seguras y confiadas, y construir confianza en nosotros mismos y entre nosotros.”
— Consuelo Andrango, presidenta de Brisas del Campo, Imbabura.
Cuando los precios de la uvilla cayeron y muchas familias consideraron abandonar su producción, Consuelo Andrango decidió buscar otro camino. Junto a agricultores locales y con el apoyo de ALIADOS, participó en un proceso de investigación participativa para identificar qué variedades de ají se adaptaban mejor a cada territorio.
Así surgieron nuevas oportunidades con las variedades pica rico y rocoto. Lo que comenzó con entregas de apenas 50 kilogramos hoy reúne a cinco asociaciones de Imbabura y Pichincha, que producen entre 800 y 1.200 kilogramos cada dos semanas para Fabbal, una empresa que comercializa ajíes secos.
Además de coordinar el acopio y la logística entre agricultores y compradores, Consuelo lidera el proceso de certificación orgánica de 15 parcelas. Para ella, diversificar la producción y abrir nuevos mercados es fundamental para fortalecer a las familias agricultoras.
La experiencia con la uvilla dejó una lección que hoy guía a toda la red: construir un futuro en el que ningún agricultor dependa de un solo cultivo ni de un solo comprador.
Desde 2020, Brisas del Campo trabaja junto a ALIADOS. Hoy, 15 parcelas avanzan hacia la certificación orgánica.


